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Ambientada
en una Inglaterra dictatorial del futuro, V de Vendetta
narra la historia de una tranquila mujer, Evey, rescatada
de una situación extrema por un enmascarado, conocido
solamente como "V". Incomparablemente carismático
y extraordinariamente versado en el arte del combate y el
engaño, V promueve una revolución urgiendo a los
ciudadanos a que se levanten contra la tiranía y la
opresión. Cuando Every descubre la verdad sobre el
misterioso pasado de V, descubre también la verdad sobre
sí misma, y emerge como una aliada sin parangón en la
culminación de su plan para restaurar la libertad y la
justicia en una sociedad golpeada por la crueldad y la
corrupción.
La
adaptación de la novela gráfica de Alan Moore tiene
varias lecturas, en la primera, considerando la obra como
una película de acción con cierto tono politizo,
podemos encontrarnos con un film realizado de forma
impecable, con una factura visual y sonora espléndida y
coronado por la magnifica actuación de un Hugo Weaving
enmascarado, La aventura resulta entretenida y algunas de
sus exposiciones ideológicas son más que dignas,
cercanas al aviso del 1984 de Orwell, o a la más
reciente y similar en este aspecto, El Club de la Lucha.
En una segunda lectura un poco más detallada y cuidadosa
es donde V de Vendetta se transforma en una herramienta
peligrosa que hay que manejar con sumo cuidado y
temperamento templado. Meses antes de su estreno el
propio Moore arengó contra el planteamiento general del
film y pidió la retirada de su nombre del proyecto,
alejado del alegato pseudo pacifista de su obra, y en
palabras suyas, "un auténtico alegato en favor del
terrorismo con un guión de porquería", y es cierto.
Su peligroso mensaje carga de contenido y fin a las
aciones terroristas, es un disparo liberticida y
contradictorio donde primero anteponen al hombre por
encima de la idea, y más tarde prenden la mecha de la
dinamita que derribará los símbolos de la opresión y
de paso se llevará la vida de unos cuentos inocentes,
que en favor del bien común serán tratados en esta
ocasión como números. Un mensaje fuera de lugar y
condenable de la forma más rotunda. Otro de los
controvertidos planteamientos se refiere a los símbolos
que muestra la película para representar la libertad.
Identificar solamente la homosexualidad o al mismísimo
Corán como elementos de subversión afines a la libertad
y la justicia, es un ejercicio sin valor ideológico y de
una simpleza insultante, digna de la mal llamada
izquierda progresista, que ni es izquierda y desde luego
no es progresista.
El film, se supone, también trata sobre la manipulación
de la información y el recorte de la libertad, temas
inherentes a una sociedad occidental que lleva muchos años
luchando contra regímenes e ideologías totalitarias de
derechas e izquierdas, todas curiosamente similares.
Revoluciones y guerras por la libertad han sembrado
Europa de cadáveres con el único objetivo de lograr la
libertad, pero afortunadamente en el mundo (occidental)
en el que vivimos no es necesario recurrir a la violencia
y el asesinato para preservar ese legado de bienestar y
democracia. Vivimos en una época en la que por vez
primera en la historia del hombre somos capaces de
acceder a toda la información del planeta y curiosamente
es la población actual la menos interesada a la hora de
informarse y la más pasiva en cuanto a selección de
noticias y sucesos. También es la época en la que la
información sufre más manipulación y control, pero la
diversidad de medios a nuestro alcance suple este hecho
con creces. Ahora mismo la libertad y el pensamiento se
pueden forjar sin restricciones ni censuras, cada cual
navegue hacia el puerto que quiera.
En esta España nuestra, la basura seguidista de críticos
y periodista afines al, ese si, orweliano sistema
prisista, ha convertido al film de James McTeigue en la
película política más importante del año. Es curioso
observar como, ahora si, el terrorismo de estado es
condenable, no en la época de los GAL, como las
maniobras para alcanzar el poder a cualquier precio y
sobre cualquiera son deleznables, algo de lo que sabemos
mucho los españoles desde esa fatídica fecha de marzo,
un día que quieren que olvidemos, un año para borrar de
la mente, y no era precisamente un 5 de noviembre.
Desde luego el cómic de no era esto. Visualmente y desde
un punto de vista narrativo más inocente puede que si,
pero sus reflexiones últimas son condenables. Esto no es
libertad, es una simple exaltación del asesinato masivo
y del derramamiento de sangre gratuito, las revoluciones
violentas no tienen cabida en esta nueva Europa. Tenemos
otros mecanismos para seguir siendo personas libres.
Manuel Castro 6 / 10 |
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Sabías
que...
La película tenía previsto estrenarse el 5 de
noviembre de 2005, en el 400 aniversario de La
Conspiración de la Pólvora, pero los atentados
de Londres del 7 de Julio atrasaron la fecha
hasta el 17 de Marzo de 2006. Algunos rumores
apuntan a que se suavizaron los elementos más
polémicos de la cinta.
Manuel Castro
La Conspiración de la Pólvora (en inglés:
Gunpowder Plot) fue un complot organizado (1604-05)
por un grupo de provinciales católicos ingleses
(Robert Catesby, Guy Fawkes) para matar al rey
Jaime I, su familia, y la mayor parte de la
aristocracia protestante volando las Casas del
Parlamento durante la Apertura Estatal (5 de
noviembre de 1605). Los conspiradores habían
planeado secuestrar a los niños reales, no
presentes en el Parlamento, e incitaron una
rebelión en el Midlands.
Esta medida pretendía ser la señal para un gran
levantamiento de los católicos ingleses,
descontentos por las severas medidas penales
adoptadas contra ellos, la que finalizaría con
la instalación de un rey católico en el trono
inglés.
Realizados los preparativos, el Gobierno descubrió
la conjura, que acabó con la ejecución de la
mayor parte de los conspiradores y sirvió de
pretexto para un endurecimiento de las medidas
anticatólicas.
El complot de la pólvora fue uno de una serie de
tentativas de asesinato fracasadas contra Jaime
I, que siguieron al Complot Principal y al
Complot ¡Adiós! de 1603. Muchos creen que la
conspiración de la pólvora fue parte de la
Contrarreforma.
El 5 de noviembre de cada año, en el Reino
Unido, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Terranova,
Canadá, San Cristóbal y Nevis, algunas partes
de Estados Unidos y antiguamente en Australia, se
celebra el fracaso del complot. Allí se conoce
como La Noche de Guy Fawkes, La Noche de Hoguera
y La Noche de Fuegos Artificiales.
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