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EL MIEDO NUCLEAR (Un análisis de las películas
catastrofistas)
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EL MIEDO NUCLEAR (Un análisis de
las películas catastrofistas)
Por JUAN CARLOS MARTÍNEZ
Página web PRIMER PASE
Un fenómeno absolutamente específico del siglo XX es el
desarrollo de la energía atómica, cuyas investigaciones
tristemente se han centrado en el ámbito armamentístico.
Las guerras habían encontrado por fin el arma
definitiva, capaz de garantizar la aniquilación total y
absoluta. El fin del mundo con carácter irreversible y
total. El arma de destrucción masiva que no distinguiría
fronteras, países o culturas; el planeta entero se vería
involucrado en los efectos devastadores y estremecedores
de una guerra termonuclear mundial. El propio ser humano
pervierte los avances tecnológicos para dirigirlos a su
propia aniquilación.
Ha sido de nuevo, el amplio género de películas
inscritas o cercanas en algún aspecto a la ciencia-ficción
la que ha tratado la cuestión en imágenes. La cosecha
ha sido tan numerosa como irregular en sus resultados
comerciales, estéticos e intelectuales. Dos periodos
históricos no acotados de forma clara temporalmente en
el siglo XX del cine presentan la mayor producción y
hallazgos argumentales y técnicos referidos a la guerra
nuclear cuya esencial y principal consecuencia es nada
menos que el fin del mundo irreversible.
El primero de ellos es el posterior a la II Guerra
Mundial. El mundo queda impresionado por la potencia y el
poder destructor sin precedentes de las primeras bombas
atómicas. Ha comenzado la escalada de la paranoia, la
carrera armamentística de armas nucleares. La división
del mundo en dos grandes bloques políticos, militares y
económicos es determinante. 40
El contexto de la Guerra Fría y la forma en que esta se
le presenta a la población occidental, en particular a
la norteamericana, que es la que más nos interesa en
este punto, en tanto que EE.UU. es el foco incontestable
de producción de cine de este tipo. El caso es que los
estudios de Hollywood encontraron todo un filón
comercial en un subgénero de películas de bajo
presupuesto y muy limitadas ambiciones artísticas
asentadas en los siguientes pilares:
- Explotación de la psicosis social colectiva surgida de
la guerra fría y un eventual conflicto bélico nuclear
mundial
- El miedo a lo desconocido: la nueva y todavía opaca
energía nuclear aplicada a la industria de las armas
- Connivencia ideológica sutil con los poderes políticos
dominantes en EE.UU. en esa época: desde 1945 a 1960
aproximadamente; en cuanto al mensaje último: exaltación
del ejército norteamericano y sobre todo la asimilación
de la amenaza nuclear a la amenaza del bloque del este.
Mucho se podría y se ha analizado desde los puntos de
vista más variados y a veces absurdos acerca de este
cine surgido directamente del contexto político-social
en el que se inscribe. Tan sólo algunos títulos nos
interesan en tanto que abordan un hipotético fin del
mundo como consecuencia de una guerra nuclear.
El segundo gran periodo de florecimiento, aunque estilísticamente
muy renovado, podríamos situarlo desde principios de los
ochenta hasta principios de los noventa. En 1983 el
presidente republicano Ronald Reagan anuncia en televisión
el desarrollo de un macroprograma estratégico de defensa
denominado Guerra de las Galaxias. Un gran paso en la
escalada bélica entre los grandes bloques militares
mundiales. Tal anuncio enrareció las relaciones Este-Oeste
y a partir de entonces resurgió la posibilidad
absolutamente real y posible de una III Guerra Mundial
con armas de destrucción masiva nucleares.
Centenares de veces podría aniquilarse nuestro planeta
con la cantidad de armamento nuclear disponible. La
población occidental empezó a recibir información
sobre los efectos concretos y reales que presumiblemente
se producirían en la población y el entorno en caso de
contienda bélica de estas características. El miedo
volvía al inconsciente colectivo con demasiadas razones
de peso como para ignorarlo.
Un cierto tipo de películas que se deslizaban por los
caminos del drama (El día después, Testamento final)
concienciaron a los espectadores de lo irreversible y
profundamente trágico de las consecuencias de la guerra
nuclear. Sencillamente el fin del mundo garantizado en el
que ya no habría vencedores, ni vencidos, ni países,
absolutamente nada excepto muerte y destrucción de toda
forma de vida sobre el planeta.
Otra corriente mucho más numerosa y rentable
comercialmente comenzaría simbólicamente con Mad Max 2.
Mad Max, la primera parte, no trata abiertamente la
situación tras una guerra nuclear, más bien retrata la
degradación y decadencia de la civilización inmersa en
una gran crisis económica y energética en sus últimos
días pero no se hace mención alguna a la guerra nuclear.
La segunda película de la serie comenzada en Australia
por George Miller se sitúa después de una guerra
mundial que tan sólo ha dejado ruinas de la era
postindustrial, violencia y despojos de ser humano que
matan por una bote de gasolina.
El bajo coste de producción de estas películas, el altísimo
contenido de acción y violencia (muchas veces gratuita),
la dosis de aventuras y el fácil consumo por parte de un
sector del público muy poco exigente hicieron de esta
base un filón de producción. El resultado normalmente
era mediocre y el diseño de producción se limitaba a
situar la acción en algún desierto y colocar unos
cuantos coches destartalados y elementos mecánicos
industriales viejos. En cuanto a vestuario mucho influyó
la estética de los grupos punks surgidos en aquella época.
LAS PELÍCULAS:
La Hora Final (On the Beach). 1959.
Director: Stanley Kramer
La guerra fría y el pánico atómico se unieron
nuevamente en este melodrama de ciencia-ficción situado
en 1964, sólo cinco años por delante de su fecha de
producción. La hecatombe ya ha cercenado la vida de casi
todo el planeta, mientras en Australia sus habitantes
esperan estoicamente la llegada de la fatídica nube
radioactiva. El trascendentalismo que llena buena parte
de la cinta tiene que ver bastante con la personalidad de
su director, que firmó este triste alegato pacifista.
El Tiempo
en sus Manos (The Time Machine). 1960.
Director: George Pal
Basada en una obra de H.G. Wells sobre una máquina del
tiempo y los saltos temporales de los personajes. Ante
todo un relato de aventuras y ciencia-ficción. Lo que
nos interesa de esta película es un capitulo
en el cual se produce el fin del mundo tal como se conoce.
La película se ambienta a finales del siglo XIX, la
producción de la misma data de 1960 y el momento al que
se trasladan es 1967 (el futuro cercano con respecto a la
realización y el guión del largometraje). En ese año
hipotéticamente tiene lugar la III Guerra Mundial, que
da lugar a la destrucción total del planeta y a una
nueva era de la evolución de la vida. El personaje
aparece en una calle en la que hay pocos elementos que
nos remitan a un futuro próximo: coches de diseño más
moderno, carteles en las paredes referidos a la guerra
nuclear y detalles del vestuario de los transeúntes. A
los pocos minutos, tras una conversación con un
personajes extraño que lleva un traje antirradiación
suenan las sirenas y la gente corre a los refugios.
Empiezan a caer las bombas.
¿Teléfono
rojo? Volamos hacia Moscú (Dr.
Strangelove or: How I learned to stop worring and love
the bomb). 1963. Director: Stanley Kubrick
Una de las producciones más importantes de su carismático
director. Dura y crítica sátira desde una perspectiva
particular y con un serio trasfondo intelectual. Nos
cuenta cómo un general norteamericano enloquece y envía
varios aviones rumbo a la Unión Soviética sin que los
políticos puedan evitarlo. El film contiene una burla
feroz a los estamentos políticos y militares. El humor
corrosivo aquí provoca una estremecedora mueca amarga al
que ayuda el estilo frío con el que está realizado.
Punto límite cero (Fail safe). 1964.
Director: Sidney Lumet
Denso y largo relato de política-ficción que se
desarrolla casi en su totalidad en claustrofóbicos
despachos y salas de reunión y control. Un avión
cargado con la bomba atómica se dirige por accidente a
la Unión Soviética con la misión de volar Moscú. El
presidente de EE.UU. comunica el hecho a su homólogo del
otro bloque y para evitar la guerra total le ofrece volar
el mismo con otra bomba Nueva York. Una idea muy
interesante centrada en las tensiones políticas y
militares del poder pero que carece por completo de ritmo
narrativo haciéndose bastante pesada.
El Planeta
de los Simios (Planet of the Apes). 1968.
Director: Franklin J. Schaffner
Una producción clave de la historia del cine fantástico
y de ciencia-ficción. Con un inequívoco mensaje
pacifista y una reflexión sobre el ser humano, el fin
del mundo es un elemento clave de la historia que
permanece oculto durante casi toda la película hasta el
impactante final. Una nave espacial de EE.UU. sufre un
accidente y se estrella en lo que parece un extraño
planeta en el que una civilización de simios, muy
parecida a la de los seres humanos (mezquina, repleta de
manipulación y prejuicios) explota y domina sobre dichos
seres humanos a los que se les considera animales
irracionales.
Paulatinamente van muriendo los miembros de la tripulación
hasta solo quedar uno. Uno de los dirigentes de esta
sociedad de simios oculta a todos un gran secreto sobre
los orígenes de su civilización y sobre los humanos. El
astronauta tras diversas peripecias descubre el trágico
secreto: no se encuentra en un planeta extraño, sino en
la Tierra en el futuro tras una gran guerra que ha
barrido toda la civilización de los hombres y ha
provocado un vuelco evolutivo haciendo de los simios la
raza dominante, pero cayendo casi en los mismos errores
que sus orígenes.
Entre las escenas más impresionantes de la historia del
cine figura aquella en la que el astronauta en la orilla
de la playa encuentra las ruinas de la estatua de la
libertad, comprendiendo así la terrible pesadilla real
en la que está inmerso.
La importancia del cataclismo final en este largometraje
es esencial para la comprensión de la historia y su
mensaje pero no se hace manifiesta de forma explícita
sino de forma muy sutil y elegante al final. El planeta
de los simios está influido en sus lecturas
intelectuales sobre la evolución, la civilización y la
inutilidad de la guerra claramente por el contexto histórico
en que fue producida: finales de los sesenta, Guerra de
Vietnam, crisis política y moral generalizada en
Occidente, escepticismo hacia el poder político, militar
y científico, etc.
El Día Después (The Day After).
1982. Director: Nicholas Meyer
Quizá la mejor película sobre el tema de la guerra
nuclear que se ha rodado hasta ahora. Se trata de una película
realizada para televisión producida por la cadena ABC,
aunque en Europa fue exhibida en salas comerciales. Narra
cómo una guerra nuclear afecta a una serie de ciudadanos
norteamericanos, a sus familias y sus vidas.
El impacto social de la película fue inmenso, hasta el
punto que desde medios gubernamentales se intentó que no
fuera emitida. Se trata de un drama crudísimo que adopta
en ocasiones una perspectiva casi de documental y que está
perfectamente realizada de forma sobria, muy eficaz y
seca. Las consecuencias de una guerra nuclear se muestran
con total rotundidad, de un modo muy verosímil y
documentado.
El relato arranca con el inicio de una crisis política
internacional entre los dos bloques a la que la población
permanece más bien ajena, a pesar de las noticias de los
medios de comunicación. Conocemos a diversos personajes:
un médico (magnífica interpretación de Jason Robards),
su hija, una familia de agricultores, una pareja a punto
de casarse, etc. etc. Los personajes y sus tramas están
perfectamente construidas. La crisis internacional va en
aumento hasta que se desencadena el lanzamiento de
misiles ante la atónita mirada de los ciudadanos.
El punto de vista narrativo que adopta la película no es
el de los políticos o los militares sino el de las
personas de a pie que son las víctimas inocentes del
sinsentido de la guerra nuclear. Una vez se produce la caída
de las bombas, las vidas de todos (de los que no han
muerto) se verá dramática y radicalmente truncada hacia
un final próximo: una muerte lenta, dolorosa y
humillante. La emotividad que logra la película es digna
de elogio.
La reflexión certera acerca de la guerra, sus
consecuencias, el absurdo de la misma pero sobre todo un
toque de atención a la sociedad, a las personas que no
toman partido en la carrera de armamento ni en las
decisiones estratégicas pero sin embargo, primeras víctimas
de la hecatombe. Un gran largometraje para ver
reposadamente.
Testamento final (Testament). 1983.
Director: Lynne Littman
Un melodrama centrado en los problemas surgidos tras una
guerra nuclear en una familia de una pequeña localidad
de EE.UU. Con muchos lazos comunes con El día después,
pero de resultados muy inferiores, Testamento final
ahonda directamente en el drama personal de los
personajes con un ritmo más lento y menos esfuerzos de
producción.
Kamikaze 1999 (Le dernier combat).
1983. Director: Luc Besson
El título original, más revelador y menos efectista es
El último combate. Primer largometraje de
Luc Besson, filmado en blanco y negro y sin diálogos,
presenta una civilización postapocalíptica y los
infructuosos intentos de un superviviente por encontrar
una mujer.
Project. 1986 Director: Giuliano
Montaldo
Interesante y casi desconocida producción italiana en la
que un científico que quiere estudiar el comportamiento
de las personas en lugares cerrados durante tiempo
prolongado, convoca a una serie de voluntarios a
permanecer en unas instalaciones parecidas a un refugio
subterráneo del que no pueden salir para observar sus
reacciones y comportamiento.
Lo que no estaba previsto en el experimento era que a los
pocos días, estallara fuera una guerra nuclear y se
tuvieran que quedar allí encerrados para siempre si no
quería morir pues fuera ya no queda nada.
Las personas del grupo se enteran de que hay una guerra
por las noticias de televisión y por una cámara que les
muestra la entrada a las instalaciones a través de la
cual contemplan el pánico de la gente ante la inminencia
del fin del mundo. Una extraña producción que crea
angustia en un espacio cerrado con pocos medios y la
labor esforzada de los actores, entre los que se contaba
Burt Lancaster.
Cuando el viento sopla (When the
wind blowns). 1987. Director: Jimmy T. Murakami
Estremecedor largometraje de animación en el que un
entrañable e inocente matrimonio de jubilados que vive
en la campiña inglesa hace frente a un holocausto
nuclear siguiendo las instrucciones dadas por los políticos
para la construcción de un refugio. Pero, los efectos físicos
y morales, de la hecatombe harán mella en el infeliz
matrimonio.
Si bien el estilo de animación es discutible el guión y
los personajes sobrecogen amargamente al espectador
viendo a estos entrañables personajes intentando hacer
frente de forma confiada y optimista al Apocalipsis
nuclear.
70 minutos
para Huir (Miracle Mile). 1987.
Director: Esteve de Jarnatt
Titulada en España 70 minutos para huir y sólo exhibida
en circuito de vídeo y ocasionalmente en algún pase
televisivo es un claro ejemplo de cómo una idea
brillante y una historia de grandes posibilidades es
desaprovechada con unos actores y una realización que no
pasan de ser suficientes.
En esta ocasión el fin del mundo adopta su vertiente romántica
cuando un hombre conoce en el Museo de Historia Natural a
una mujer de la que se enamora. Ambos quedan para verse
por la noche cuando ella termine de trabajar en una
cafetería. Él se acuesta y pone el despertador a tiempo
para llegar puntual a la cita, pero se produce un corte
de electricidad mientras duerme y la memoria del
despertador se borra. Cuando despierta ya es muy tarde,
apresuradamente se viste y va al lugar donde habían
quedado.
Allí comprueba que ella ya se ha ido. Entonces suena el
teléfono de la cabina. Él lo coge. Es un soldado de una
base militar que piensa que ha llamado a su padre y le
pide perdón porque todos van a morir y se han lanzado
los misiles. La voz es interrumpida por un disparo y
alguien toma el teléfono y dice: Usted no ha oído
nada. Asustado y confuso, nuestro protagonista
entra en la cafetería y comenta lo sucedido. Allí hay
algunas personas entre las que se encuentra una ejecutiva
gubernamental que escucha la historia y comienza a hacer
desde su teléfono móvil varias llamadas telefónicas.
Lo que ha ocurrido es que acaban de lanzarse misiles, hay
una guerra nuclear en marcha y el soldado llamaba desde
una de esas bases para hablar con su padre antes de la
hecatombe.
La gente de la cafetería se moviliza para correr hacia
el aeropuerto y tomar aviones hacia el norte del planeta,
donde se piensa habrá menos contaminación nuclear.
Nuestro personaje se niega, no quiere marcharse sin la
chica de la que se ha enamorado. A partir de entonces
inicia una peligrosa búsqueda, mientras los minutos para
las caídas de las primeras bombas transcurren.
Al final, cuando empieza a amanecer en la ciudad, se ha
corrido la voz la anarquía es total: colisiones de
coches, explosiones, saqueos, violaciones en plena calle,
asesinatos... Las cadenas de televisión confirman que se
ha entrado en guerra y las bombas están a punto de caer,
en un momento dado un canal conecta en directo con otro
periodista que es acribillado en directo en una calle en
medio del caos. Por fin han conseguido reunirse y entre
la locura de las calles la pareja corre hacia la azotea
de un edificio donde les espera un helicóptero.
Consiguen subir pero al poco de despegar se produce el
primer impacto nuclear, el helicóptero pierde el control
y se estrella en una gran balsa de líquido negro en el
Museo de Historia Natural (el lugar donde se conocieron).
Allí el helicóptero se hunde lentamente. La pareja al
menos ha conseguido reunirse y estar juntos por unos
minutos antes del fin del mundo. Él le dice que cuando
pasen unos millones de años, ambos se habrán convertido
en una de las cosas más bellas del universo: diamantes.
El drama romántico condicionado por la inminencia del
Apocalipsis. Un personaje que sabedor del final emplea
sus últimos minutos no en huir, sino en reunirse con la
persona a la que ama. Es una película sin grandes
ambiciones y de bajo presupuesto. La puesta en escena
demasiado colorista y poco naturalista (tonos pastel típico
de cierto cine de la época), algunos personajes
rebuscados y la falta de inspiración hacen de este
largometraje una cinta rutinaria que desgraciadamente no
saca partido a una historia tan interesante, emotiva y
romántica. Una especie de cuento de amor y fatalidad.
Fuente: JUAN CARLOS MARTÍNEZ
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23-02-03

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