God of War III
llega a PlayStation 3, con toda la ira de
Kratos desatada contra los dioses que lo
traicionaron a él y al mundo de la
Grecia Antigua. Armado con sus letales
Espadas del Caos, Kratos debe enfrentarse
a las criaturas mitológicas más
lúgubres y resolver intrincados
acertijos en su despiadada misión para
destruir el Olimpo y al mismísimo Zeus.
Escalando las temibles laderas del Monte
Olimpo, Kratos debe regresar a las
oscuras profundidades del Infierno para
vengarse de sus enemigos.
Se cierra la trilogía del
Dios de la Guerra con su entrega más
espectacular, las hazañas de Kratos
exprimen el potencial de la máquina de
Sony y nos revelan la aventura más
contundente en el terreno de los hack'n
slash de esta generación. God of
War III deja atrás a competidores
e imitadores de la talla de Dante's
Inferno o Bayonetta,
y nos ofrece una odisea técnicamente
impecable, con una jugabilidad de alto
nivel y una trama que vuelve a explorar
acertadamente todos los entresijos y la
grandeza de la mitología griega.
Eso sí, que nadie espere una académica
lección de historia; la de Kratos es una
hazaña divertida y peculiar, una
reconstrucción llena de sangre,
violencia y acción, donde los Dioses y
los Titanes se entremezclan conformando
un argumento atractivo, aunque con
importantes baches a lo largo de su
desarrollo, que toma prestadas aleatorias
pinceladas de la cultura clásica griega.
God of War III nos deleita
con todos y cada uno de los elementos que
la saga había ofrecido en PS2 y los
eleva a otro grado de espectacularidad
gracias a la potencia gráfica de la PS3.
Los escenarios, los enormes jefes finales,
el tono épico (incluida su excelente
banda sonora), la apoteósica
escala
todo trabaja a favor de un
título que, pese a su escasa
rejugabilidad, debería ser uno de los
juegos de referencia en cualquier buena
colección.
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